Travesía de reflejos

I
Con solo navegar en una nueva dirección, tu bien podrías llegar hasta el fin del mundo.
Has escogido a tu capitán entusiasta de los descubrimientos y los retos, con suficiente fuerza para realizarlos, sin importar que naves quedaran dispensadas de algún otro servicio más urgente que descubrir una nueva forma de vida.
Enumero las más plausibles conjeturas sobre la travesía por lo desconocido, suposiciones de doradas costas e historias sobre monstruos para ser asimiladas como instrucciones simples en situaciones probables o improbables.
Con todo esto ya resuelto y hecho, te lanzaste con tu tripulación una hermosa mañana, el mejor clima que ha tenido el año, despejándose los cielos y calmándose las furias oceánicas subyugadas por la iluminación de primavera; con tiempo para ir embelesados, navegando por las aguas sin nombre de este mundo.
Transcurrido un tiempo en altamar, fue alzado mar adentro con una sombra, un dedo al viento indicando el rumbo a tomar, en ánimos pacientes de desembarcar con bien sobre las blancas arenas y los claros fondos de alguna bahía.
Has escogido a tu capitán entusiasta de los descubrimientos y los retos, con suficiente fuerza para realizarlos, sin importar que naves quedaran dispensadas de algún otro servicio más urgente que descubrir una nueva forma de vida.
Enumero las más plausibles conjeturas sobre la travesía por lo desconocido, suposiciones de doradas costas e historias sobre monstruos para ser asimiladas como instrucciones simples en situaciones probables o improbables.
Con todo esto ya resuelto y hecho, te lanzaste con tu tripulación una hermosa mañana, el mejor clima que ha tenido el año, despejándose los cielos y calmándose las furias oceánicas subyugadas por la iluminación de primavera; con tiempo para ir embelesados, navegando por las aguas sin nombre de este mundo.
Transcurrido un tiempo en altamar, fue alzado mar adentro con una sombra, un dedo al viento indicando el rumbo a tomar, en ánimos pacientes de desembarcar con bien sobre las blancas arenas y los claros fondos de alguna bahía.
El ojo explora por su propia cuenta, tratando de vislumbrar una costa que visitar, tras un largo tiempo en la inmensidad del mar se ha divisado tierra, impaciente la tripulación por descansar se dirigen con gran velocidad hacia la playa, esperando encontrar el refugio que los ha de llevar a una calma total.
Ya en tierra de nuevo, todo se torna en algarabía, la tripulación salta desesperada por satisfacer, contradictoriamente, sus ansias de aventura, todo a su alrededor es un paraíso, han llegado a Miramar, una pequeña y pintoresca villa guarecida por imponentes murallas, que en tiempos pasados la resguardaban de las agresiones de los piratas. En el malecón una multitud les aguarda un tanto vacilante, pues hacía mucho tiempo que ningún barco tocaba sus aguas, no obstante la timidez, su recibimiento fue hospitalario.
Entró el capitán con su tripulación por la puerta de mar, entrada y salida obligada de la ciudad para aquellos que se valían de la navegación y que sugería el único medio para comunicarse con el resto del mundo, absortos todos por los magníficos baluartes apostados a lo largo, construidos en cantera y sascab, ya dentro, la traza de las calles es casi perfecta, tomando como referencia la gran plaza cubierta de arboles, sus calles empedradas armonizan la tranquilidad del lugar, llama la atención las edificaciones caracterizadas por techos altos, balcones con herrería y majestuosos arcos interiores, pintadas de gran variedad de colores, contrastando unas con otras, las hay de un azul pastel a un amarillo ocre, seguido por verde esmeralda, terminando en un blanco con naranja y así sucesivamente.